La fiesta de Gael

Por Julio Parra

María avanzaba en un caballo, aunque era una señora de cincuenta y ocho años, recorría caminos rurales que le recordaban la vida que dejó atrás algún día. Recordó la fonda a las afueras de Trujillo, y la finca de Don Conrado llena de cafetales. El caballo era pardo, y galopaba incesantemente; de un momento a otro se tornó salvaje e indomable, salió corriendo desbocado por la calle principal y de repente, la bestia se convirtió en una cabra gigante con ojos rojos brillantes votando fuego por la boca, la gente que salía de las casas a ver semejante criatura abominable eran calaveras de miradas bajas. La cabra frenó, y de un zarpazo tumbó a María de su lomo, ya con ella en el piso abrió la boca, estaba presto para lanzarle un flamazo. De repente sonó el teléfono, era su hijo Roberto Luis. Era la una de la tarde.

– ¿Mamá estás bien? Quedaste en pasar por el apartamento a las diez de la mañana después de misa- Preguntó Roberto Luis.

-Sí mijo, quedé dormida toda la mañana, debe ser que estoy cansada. Disculpa- Respondió María.

-Bueno, no es gran problema, solo me preocupé, como dijiste que ibas a pasar, uno se imagina lo peor- Añadió Roberto Luis.

-Te preocupas demasiado por mí, yo siempre vengo protegida por un ejército de ángeles y mi Diosito siempre anda conmigo- María salió adelante. 

¿Vas a venir a almorzar? Paloma está cocinando sobrebarriga- Roberto Luis le preguntó. 

-No mijo, yo me voy a quedar descansando, me siento rara, como desganada, como cansada, y eso que he dormido todo el día. Yo mejor pido un almuerzo a domicilio y me quedo en la casa destrazándome la telenovela-. Respondió María. 

Mamá, yo te llevo la comida. Para eso vivo a la vuelta de tu apartamento. Dijo Roberto Luis.

Gracias mijo, tan lindo. María respondió.

A las dos y cuarto paso. Un abrazo. Roberto Luis contestó. 

Paloma preparó la sobrebarriga en su apartamento en Sunnyside. Los domingos los Moncada madrugan a su servicio religioso. La suegra de Paloma siempre ha sido católica y va a la misa del domingo, mientras su hijo y su nuera se habían convertido a una iglesia brasilera con el slogan Pare de Sufrir. Luego de rendirle cuentas a su respectivo Dios, se reunían para almorzar. A veces iban a la Roosevelt a un restaurante, pero esta vez estaban con el presupuesto apretado porque el fin de semana pasado gastaron mucho en el cumpleaños de Gael. El nene sopló bien las nueve velitas en el ponqué, jugó con los payasos, disfrutó la casa inflable y se sumergió en la piscina de pelotas con amiguitos y familiares. 

La temperatura de Paloma estaba alta. Su respiración estaba difícil y su pulso estaba agitado. Tenía esa tos seca que nunca se va, se levantó e intentó ir a su cama y luego de cinco pasos sintió como si hubiera corrido una maratón. Roberto Luis le dijo que tenían que ir al médico. En un acto feroz, él agarró a Paloma y la bajó cargando al primer piso, trajo su carro, la montó y arrancaron para el hospital. Cuando llegó a urgencias, Paloma fue internada, a su esposo no le permitieron entrar. 

Los Moncada son una familia colombiana que se mudó granuladamente a los Estados Unidos desde los ochenta, y se han instalado en Queens, hijos, primos, sobrinos, hermanos, madres, padres y así.

Roberto Luis llamó a su madre y ella no contestaba, llamó a Mario su hermano, y éste le dijo que Tanisha, su esposa estaba también en el hospital y que él se sentía muy enfermo del pecho y estómago pero que en el hospital le recomendaron reposo y cuidado en casa, y que si se sentía mal de vida o muerte viniera al hospital. El Pastor Emilio, ya que lo recuerda, no lideró el ministerio hoy. Luego le entró una llamada de su tía María Constanza, que Tiberio, su esposo falleció, que había un virus que se llamaba Corona y que estaba matando mucha gente. Su otro hermano Román, que sufría de enfisema estaba muy grave en la clínica, al igual que su primo Juan Esteban y su esposa Marina. 

Llegó una llamada de la alcaldía de Nueva York, de unos inspectores que están buscando las conexiones del virus.

-“Señor Roberto Luis, usted hace dos semanas tuvo una fiesta de cumpleaños, de dicha fiesta ya hemos localizado 15 casos positivos por ese virus, tememos que todos los que asistieron a la fiesta están contagiados. Dentro de sus invitados estaba Jimmy Pinkerton, que es el hijo del señor Joseph Pinkerton, quién hace tres semanas estuvo en una conferencia en Milán, es probable que su hijo Gael haya contraído el virus en la escuela siendo que ambos niños son amigos y comparten el mismo salón de clase y patio de juegos. Necesitamos la lista de todos los invitados a la fiesta”.

Algo tan inocente como un cumpleaños feliz te deseamos a ti, sopla las velas y corta la torta para que todos coman, se podría convertir en la última torta de cumpleaños que muchos comían. En una semana el virus adquirido en la fiesta se manifestaba devastadoramente en su familia unida a pesar de las migraciones y los transnacionalismos, y se fueron sin un adiós dejando vacíos irreemplazables. Todos los que habían comido pastel estaban infectados.

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