Mi parafernalia

Por: Juancho Roller

Imagen: Una náyade, por John William Waterhouse, 1893; una ninfa acuática se aproxima al durmiente Hilas.

Tiempo de lectura: 7 minutos

La muerte no es pena, es júbilo, además la teoría del caos se encuentra en todo aquello que existe, que persiste, que genera, que limita. El efecto mariposa es nuestra realidad, antes pensaba que ser un hombre debía ser un don, sabes, desde pequeño absorbí absolutamente todo lo que vi de las relaciones, de mis familiares, de las erradas decisiones de mis amigos; creando el prototipo de un hombre perfecto, alguien sin errores, sin condescendencia, sin arrogancia, con pluralismo, alguien inmune, estricto, atento. -Qué sería de mí sin la vida, también pensé-, no me da miedo vivir la vida,  me da miedo perderme de las cosas que podría vivir. Qué sería de mi sin amor, mi voz interna,  contrario a mí voz exterior, siempre está calmada, y si  no me molestan puede que quizás sonría. 

Lo que puedo decir siendo un diablo de alma buena es que el hombre perfecto no es más que un consumo, un producto, un sistema, me di cuenta de que quiero ser imperfecto, ser relevante no por cómo me vea, si no por lo que haga cuando esté doblegado. Cómo actúe al presenciar la zozobra, y lo que te diga cuando estés triste; no quiero ser un complejo, ni un perfecto interludio, quiero ser real, palpable, tangible, alguien a quien se le tenga que perdonar desaciertos pero amar los sacrificios. Quiero, como dice Lina, ser digno de amar, quiero ser algo, más allá de alguien, quiero ser importante, no para el mundo porque el mundo es pedante; quisiera ser importante para los míos, amar tanto que no me quede ni para mí mismo, pero mi amor propio lo demuestro amando a los dignos, a los que están en el punto de quiebre , a quienes me notan estando en la cornisa, a los que aman igual la pocilga que puede llegar a ser mi nucleus accumbens; no tengo aspiraciones aunque todo me inspira, soy un romanticista innato, detesto que las persianas se azoten por el viento, me gustan los roces de besos rodeados de tumultos y cuando estoy con mi chica, tengo los ojos adormecidos y húmedos de sueño, sigo los talvez, mi mente es ansiosa, paso los días a gatas, mi depresión es mi virtud, pero intento que mi lema sea levitando y afrontando, soy resiliente, y lloro cada vez que me siento cansado, siento que me ahogo.

Yo soy el problema que más se ama, siempre estoy todo pasmado hablando con mi habitación, estoy hecho de Demiurgo, las masas solo están encasilladas en lo que es normal; amo amar, y adoro adorarla, estoy sumido en su cuerpo, estoy plasmado en su sonrisa, y sus palabras son las únicas esperanzas, como diría Granuja “infante con su infantería al fin salió triunfante en el infierno de Dante”, y no me iría, ni buscando mi muerte, porque irme a posta, no sería amor, amor, es darle esperanza a mi cielo, incluso cuando ya no lo tenga, darle amor aunque lo esté necesitando, y decir que todo está bien sin saber que lo estará, irse a la mansalva es ser egoísta, indulgente y desconsiderado.  Quiero producir sonrisas, salir a cenar algunas veces y hacer el amor, quiero tenerla a tentempié, sin dar repelús, quiero estar desnudo en sus desnudos, que se vista de la noche, y contigo. Para qué las drogas si no hay falta de abrazos; visto todo de todo, escribo mi propia enciclopedia y escribí un libro sobre mi musa, lo escaso que queda en el mundo que valga la pena, intento hacer proezas y no promesas, pero no prometo lo que no garantizo, no me gusta mentir porque  me da miedo sentir culpa, porque no sé hasta dónde me lleve, soy sensible pero no débil  o eso quiero pensar, quiero ser bueno, me siento suficiente, como si la noche fuera mía, adoro a los míos, mi familia, los que tengo, no guardo rencores pero esto convierte a mi cabeza en el club de la pelea, el resto es banal, pero jamás nada ha sido una excusa. Las penas para crecer, para hacer lo que es para mi subjetiva perspectiva es el bien, mi madre crió un hombre ético y la chica de los labios rojos orna un hombre paciente, amoroso, ella hace mi vida caudalosa, y evito lenguas venenosas. Detesto tantas cosas, me dan rabia las cosquillas pero no las de mi hermosa, tengo al menos 200 secretos que se los conté a muchos para no sentirme juzgado, cargaría con la culpa de lo que he hecho, pero tanto peso no aguanto, mi mente es obstinada, tirana, autónoma, soy un perro que huele el miedo, soy la canción que te ayuda a dormir, y soy el amante de mis ojos, de mi complemento y por lo general, casi nunca sé en qué me estoy metiendo. Le temo a la cucarachas y mi madre escucha oraciones en el celular porque no puede dormir bien, no soy devoto pero tampoco un alma impura aunque, San Pedro me cierra las puertas, creo en un Dios pero no me gusta pedirle nada porque siento que quedaré debiendo y no me gusta deber. 

Soy diferente, me gusta amar, disculpar lo indicado, y mandar al limbo lo que lo amerite, intento vivir hasta el colapso, y no soy de abandonar, al único cielo al que seré enviado es cuando estoy a solas con ella, soy un mensaje viviente que bendice las lluvias de África.

1 comentario en «Mi parafernalia»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *